Arkham Asylum: acción entre el terror y la claustrofobia
Con su primer videojuego protagonizado por Batman, el desarrollador Rocksteady marcó un hito que sería su consagración y también su condena en la industria. Segunda reseña de la serie.
RESEÑAS
David H. Rosales
3/5/20263 min read


Batman: Arkham Asylum (2009) partió en dos la historia del género de aventuras, elevó por los cielos las expectativas sobre los futuros juegos de superhéroes y, sin exagerar, marcó las vidas de muchos «gamers».
Rocksteady creó una obra maestra ante la cual son inevitables la copia y la comparación, incluso en el caso de títulos posteriores del mismo desarrollador.
La participación de Kevin Conroy y Mark Hamill, las voces de Batman y El Guasón, respectivamente, en la serie animada de los años 90, así como de Paul Dini, libretista de aquel programa, otorgaron a Asylum un prestigio inédito en la industria. No tanto por la fama de los involucrados, sino por el respeto que esas figuras inspiraban entre la afición más devota a El Caballero de la Noche.
La serie animada era un objeto de culto porque había ensanchado las fronteras de lo infantil y juvenil, y había permitido que niños y adolescentes de toda una generación se asomaran al universo oscuro y tormentoso de Batman.
Asylum amplificó los rasgos más sombríos tanto del superhéroe como de su mitología. Junto con Silent Hill (1999) y Amnesia: The Dark Descent (2010), la primera entrega de la serie Arkham es uno de los juegos más siniestramente atmosféricos de todos los tiempos. El jugador debe conducir a Batman por celdas de aislamiento, habitaciones psiquiátricas, pasillos, ductos, salas de cirugía y morgues, compartiendo con él la sensación de claustrofobia y, no pocas veces, sintiéndose más desorientado que el protagonista.
Jugadores que tal vez no se habían expuesto al nerviosismo constante del género «survival horror», experimentaron con Asylum el temor al medioambiente: la sospecha de que un ataque, un sobresalto o una alucinación los acechaba tras una grieta, al otro lado de una puerta o al final de un corredor.
Los creadores del videojuego se inspiraron asimismo en la historieta homónima, una de las más terroríficas en la extensa lista de cómics de Batman, y en la cual El Caballero de la Noche es retratado más como un espanto vengador o un demonio de las tinieblas que como un justiciero nocturno. En aquellas viñetas, el superhéroe batalla contra la locura mientras desciende a los infiernos de un sanatorio en busca del Joker. Durante ese recorrido, entiende que solo su afán de justicia lo diferencia de los psicópatas a quienes persigue.
Asylum no desarrolla una premisa tan filosófica, pero la interacción entre Batman y el Scarecrow sí arroja luces sobre el miedo del héroe a convertirse en alguien peor que sus archienemigos.
Aventura ante todo
Lo terrorífico del juego se equilibra con una mecánica de combate fluida y de fácil aprendizaje, la adquisición y mejora progresiva de armas no letales y herramientas para librar obstáculos, y la solución de acertijos a través de los cuales uno descubre aliados y enemigos históricos de Batman.
Completar la historia de Asylum significa meterse bajo la piel de Bruce Wayne y padecer sus traumas, pero también contar con las fortalezas y la tecnología para superarlos. En ese sentido humano y protector, El Caballero de la Noche es uno de los personajes más entrañables de los videojuegos.
Además de las sublimes actuaciones de Conroy y Hamill, la lectura de las «Crónicas de Arkham» a cargo de Tom Kane es otra de las excelencias de Asylum. A lo largo de la trama, Batman va descubriendo páginas de un diario secreto, escrito por el espíritu de Amadeus Arkham, fundador del sanatorio, que la voz de Kane convierte en un relato de degradación mental tan horroroso como lo circundante.
Los enfrentamientos con los supervillanos requieren, además de destreza, creatividad, paciencia y orientación en diversas perspectivas de la tercera persona.
Parece imposible que Rocksteady vuelva a sacar un título tan revolucionario. Después de la cima viene el declive. El más reciente producto del desarrollador, Suicide Squad: Kill the Justice League (2024), fue víctima de ese inmenso logro al que Arkham City y Arkham Knight hicieron honor, pero cuya fórmula se sigue demostrando a prueba de imitaciones y alternativas en los formatos de multijugador y de realidad virtual.
Es difícil, y quizás mezquino, hablar de las debilidades de Asylum. Tal vez la única sea su brevedad. Tanto se disfruta jugándolo que uno quisiera que nunca terminara.


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